Reptiles

reptiles

Los reptiles (Reptilia) son una clase de animales vertebrados que se caracterizan por tener el cuerpo recubierto de escamas epidérmicas de queratina. El nombre de reptiles hace referencia a la particular manera de desplazarse que presentan, ya que generalmente se desplazan reptando con el vientre pegado al terreno. Incluso algunos son capaces de avanzar por una superficie únicamente deslizando el cuerpo por ella y sin usar las extremidades, como ocurre con las serpientes.

La mayoría de los reptiles son animales terrestres, pero hay algunos que viven casi permanentemente en el agua (como las tortugas marinas) y otros que pasan tiempos prolongados tanto dentro del agua como fuera de ella (como las tortugas de agua dulce o los cocodrilos).

Los reptiles se dividen en cuatro grandes familias (subórdenes) que, aunque comparten rasgos comunes, presentan diferencias evidentes:

  • Tortugas o quelonios (Testudines): Se caracterizan por tener un caparazón que protege los órganos internos de su cuerpo. Del caparazón sobresalen la cabeza, las extremidades y la cola.

  • Serpientes (Serpentes) u ofidios (Ophidia): Se caracterizan por presentar un cuerpo muy alargado con ausencia de patas. Algunas serpientes son venenosas (como las vívoras y las cobras) y otras son constrictoras (como las pitones y las boas).

  • Lagartos o lacertilios (Lacertilia): A este suborden pertenecen la mayoría de las especies de reptiles actuales, como iguanas, varanos, camaleones, geckos y lagartijas.

  • Cocodrilos (Crocodilia): Son grandes reptiles semiacuáticos que viven en las zonas tropicales de África, Asia, América y Australia. El término cocodrilo se emplea habitualmente de manera flexible para incluir a los cocodrilos verdaderos (Crocodylinae), a los aligatores y caimanes (Alligatoridae) y a los gaviales (Gavialidae)

Además, existen otros subórdenes menos conocidos, como las anfisbenas o culebrillas ciegas (Amphisbaenia), que son reptiles escamosos adaptados a la vida en el subsuelo y, al igual que las serpientes, carecen de patas.

Es importante destacar que los subórdenes formados por los lagartos y las serpientes eran denominados antiguamente como saurios (Sauria) pero, por diversas razones que estudia la biología, esta terminología se emplea actualmente para designar a un conjunto más amplio de animales diápsidos, que incluye tanto reptiles como aves.

Características de los reptiles

Estas son las principales características que comparten todos los reptiles, independientemente del suborden al que pertenezcan. Aunque hay algunas excepciones, la mayoría de los reptiles poseen las siguientes características:

  • Tienen la piel recubierta de fuertes y resistentes escamas de queratina y algunos, como las tortugas, tienen caparazón.

  • Todos los reptiles respiran a través de pulmones.

  • La mayoría son ovíparos; es decir, que ponen huevos. Por lo general, la hembra deposita los huevos en el suelo, algunos reptiles los entierran, y allí es donde completarán su desarrollo embrionario antes de la eclosión.

  • Los reptiles son animales de sangre fría (ectotérmicos), por lo que no son capaces de regular su propia temperatura corporal y dependen de las condiciones climatológicas externas. Muchos reptiles toman el sol durante el día para calentarse y entran en hibernación (un estado de letargo) cuando las temperaturas desciencen durante el invierno.

Alimentación de los reptiles

La mayoría de los reptiles son depredadores carnívoros (como los cocodrilos y las serpientes) o insectívoros (como las lagartijas y los camaleones). Es decir, basan su alimentación en las presas que capturan. Sin embargo, también existen reptiles herbívoros, como algunas tortugas terrestres.

Algunas curiosidades de los reptiles

Hay algunas curiosidades interesantes sobre los reptiles, como por ejemplo que algunas serpientes tienen veneno en sus colmillos (cobras y vívoras) y nos avisan del peligro con sus llamativos colores o con el sonido de sus cascabeles.

También son muy curiosos los camaleones, que pueden modificar la tonalidad de los colores de su cuerpo según su estado de ánimo y atrapan a sus presas extendiendo su larga lengua.

Resumen acerca de los reptiles

Para finalizar un breve resumen de las características más importantes de los reptiles:
  • Tienen el cuerpo recubierto de escamas de queratina.
  • Se desplazan reptando con el vientre pegado al suelo o muy cerca de él.
  • La mayoría son ovíparos, ponen huevos.
  • Son animales de sangre fría (ectotérmicos), no pueden regular su temperatura corporal.
  • Respiran por pulmones.

Procesos de desalinización del agua

esquema planta desalinizadora

La desalinización es el proceso de obtención de agua dulce mediante la eliminación de la sal presente en el agua de los mares y océanos. El contenido salino del agua se mide habitualmente en partes por millón (ppm), unidad equivalente a los miligramos de sal contenidos en cada litro de agua (mg/L). Existen diferentes grados de salinidad en el agua, lo que afecta a la dificultad y a los costes del tratamiento:
  • Salinidad baja: entre 1.000 y 3.000 ppm
  • Salinidad moderada: entre 3.000 y 10.000 ppm
  • Salinidad alta: entre 10.000 y 35.000 ppm

El agua que contiene niveles de salinidad menores a 1.000 ppm se considera agua dulce y es segura para su consumo o para emplearla en el ámbito doméstico y agropecuario, mientras que el agua de los océanos contiene alrededor de 35.000 ppm de sal. Cuanto mayor sea la concentración de sal de un agua, más energía y esfuerzo se necesita para desalinizarla.

Procesos de desalinización

Aunque existen numerosos métodos de desalinización, a continuación enumeraremos los más habituales.

procesos de ósmosis

Ósmosis inversa

La ósmosis inversa es el proceso más extendido y del que proviene la mayor parte del agua desalinizada. En este método se utiliza la presión para hacer pasar el agua salada a través de unas membranas semipermeables que retienen la sal y dejan pasar el agua. Se considera como el método de desalinización que menor consumo de energía requiere en procesos a gran escala.

Sin embargo, existen varios inconvenientes en la utilización de la ósmosis inversa, ya que las membranas se obstruyen con los microorganismos arrastrados por la presión y también se deterioran cuando se utiliza cloro para tratar las bacterias. Aún así, su principal desventaja es que la calidad del agua producida a través de la desalinización no es apta para su consumo directo y tras el proceso de ósmosis inversa debe someterse a los tratamientos habituales de potabilización, duplicando el gasto energético hasta que llega a nuestros grifos.

Ósmosis directa

Otro proceso posible para obtener agua dulce a partir de agua salada es el proceso de ósmosis directa. En la ósmosis directa se aprovecha la cualidad osmótica natural del agua para que esta se mueva desde un área de baja concentración hasta un área de alta concentración. Con este sistema se requiere mucha menos energía que para la ósmosis inversa, ya que en lugar de forzar el flujo de agua a través de la presión, este proceso permite que el movimiento se produzca de forma natural.

En la desalinización por ósmosis directa, el agua marina pasa a través de una membrana semipermeable hacia una disolución concentrada de sales de amonio, permitiendo que las sales marinas queden retenidas en dicha membrana. Tras esto, el agua resultante se calienta para eliminar las sales de amonio por evaporación.

A pesar de tener un gran potencial, este proceso de desalinización todavía no se ha aplicado a gran escala y por lo tanto no ha tenido acceso ni a la financiación ni a la investigación que explore sus posibilidades.

Desalinización térmica

La desalinización térmica consiste en aplicar calor para evaporar el agua salada, separando el vapor de agua del residuo salino, y recolectar el agua desalinizada una vez que el vapor se enfría. Además, el calor aplicado para evaporar el agua permite que muchas bacterias mueran durante el proceso, evitando la aplicación de cloro para eliminarlas.

Este método de desalinización puede llevarse a cabo incluso a escala doméstica, si tenemos acceso al agua del mar, para cubrir las necesidades personales de agua dulce.

Otros métodos

Existen más procesos de desalinización, como por ejemplo la electrodiálisis, pero consideramos que son demasiado complejos para explicarlos de forma breve y requerirían de un tratamiento detallado para comprenderlos, lo cual escapa del objetivo de esta publicación.

Desventajas de la desalinización

Aunque la desalinización del agua salada de los mares y océanos es una alternativa viable para resolver la problemática de la falta de agua dulce en el planeta, es importante tener en cuenta que su uso presenta una serie de inconvenientes:

  • La mayoría de estos procesos devuelven la sal resultante al mar, contribuyendo al aumento del nivel de salinidad del agua de los mares y océanos. Esto dificulta los procesos de desalinización posteriores y afecta seriamente a la vida de la fauna y flora marina.

  • Poner en marcha una planta desalinizadora implica una inversión y unos costes de mantenimiento muy elevados, además de un consumo energético considerable que se cubre principalmente a partir del uso de combustibles fósiles, con el daño para el medio ambiente que esto conlleva.

  • Finalmente, es importante resaltar que la geografía juega un papel importante en el proceso global de desalinización. Como es evidente, es mucho más caro abastecer a poblaciones de regiones interiores que a poblaciones situadas en regiones costeras. Altitudes más altas y largas distancias requieren de grandes recursos para el transporte y el tratamiento del agua desalinizada.

Adaptación de las plantas a la sequía

adaptar cultivos a la sequía

Para habituar una planta joven a la sequía, la mejor solución es que los riegos sean espaciados pero abundantes. Es importante que cada uno de los riegos sea abundante, ya que hace falta que el agua forme una reserva de humedad en la profundidad, por debajo del nivel de la base de la planta para atraer a sus raíces hacia la parte baja. Las raíces se desarrollan siempre hacia las zonas más húmedas.

Con riegos espaciados pero abundantes, las raíces van a progresar hacia las capas más profundas del suelo, en las que la humedad persiste durante más tiempo sin evaporarse. Cuando la planta mantiene sus raíces en un lugar húmedo es capaz de mantenerse durante dos o tres semanas sin riego, incluso si el viento y el sol secan la superficie. En cambio, los riegos en los que cada día se aporta una pequeña cantidad de agua hacen que la planta sea artificialmente más sensible a la sequía. Un riego superficial repetido va a generar un escaso tapiz de raíces justo bajo la superficie, donde la evaporación es más intensa. La planta no tiene entonces ninguna autonomía: tan pronto cesen los riegos la veremos sufrir y debilitarse hasta morir.

Cómo limitar las pérdidas de agua por evaporación

En cada riego una parte del agua es malgastada sin ser utilizada por la planta debido a la evaporación. Entonces, ¿cómo se debe regar para limitar las pérdidas por evaporación?

Para los macizos de arbustos y vivaces el riego por aspersión es lo menos recomendable si se quieren evitar las pérdidas de agua por evaporación. Si en vez de regar en profundidad se riega solo la superficie, la evaporación directa del suelo hacen que sólo una pequeña parte del agua pueda ser aprovechada por las plantas. El riego por aspersión favorece las raíces superficiales en detrimento de las profundas, y se corre el riesgo de hacer germinar en pleno verano numerosas adventicias que aparecen para competir con las plantaciones nuevas.

El riego en un hoyo al pie de la planta es mucho más eficaz. En lugar de regar por toda la superficie del macizo, el agua retenida en el interior de un hoyo puede descender lentamente por gravedad hasta 30 ó 40 centímetros de profundidad. Sin embargo, se necesitan hoyos de dimensiones considerables para que puedan acumular una cantidad de agua suficiente en cada riego. Configurado en el momento de la plantación alrededor del pie de la planta, el hoyo de riego debe ser restaurado a principios de verano, ya que puede estropearse durante el otoño, el invierno y la primavera con la lluvia, el viento o las tareas de desherbado. Un buen hoyo de riego debe medir, como mínimo, 60 centímetros de diámetro y 20 centímetros de profundidad, para retener en cada riego entre 20 y 30 litros de agua. Si el hoyo es demasiado pequeño, en vez de penetrar en profundidad, el agua se escapará emergiendo a la superficie, con lo cual se evaporará rápidamente y la planta no podrá aprovecharla.

Cómo reconocer la frecuencia de riego más adecuada

Según la naturaleza del suelo y las condiciones climáticas será necesario modular el ritmo de riego a aplicar. Los suelos predominantemente arenosos conservan poco el agua, por lo que habrá que aumentar la frecuencia de los riegos. Por el contrario, los suelos arcillosos son capaces de conservar la humedad durante más tiempo, de modo que los riegos pueden ser más espaciados. En suelo rocoso, abundantes bolsas de humedad pueden persistir todavía más tiempo debajo de las grandes piedras, un verdadero lujo para las raíces.

Para aprender a medir con la máxima precisión la cantidad de agua a aportar en cada riego en función de la naturaleza del suelo, se puede practicar el sistema de la rasa de control. A principios de verano, cuando la sequía ya está bien instalada, se debe llenar a ras el hoyo de riego de una planta determinada, midiendo la cantidad de agua aportada con un cubo graduado o una regadera de volumen conocido. Tras esto, se debe esperar 48 horas para que la superficie se seque bien. Entonces, alejándose lo suficiente del pie de la planta para no dañar sus raíces, se ha de hacer con el pico una rasa estrecha y profunda que permita verificar la humedad en un corte vertical sobre el suelo. Unos días después de regar, el suelo deberá estar bien húmedo a una profundidad de entre 30 y 40 centímetros bajo la base de la planta, en la parte más útil para las raíces medias y profundas.

Reglas para recoger plantas silvestres

plantas silvestres

Cuando se está involucrado en la protección del medio ambiente es frecuente preguntarse si es adecuado recolectar plantas, flores o frutos silvestres, con fines alimenticios, ornamentales o medicinales. Las plantas son un recurso renovable, por lo que recolectar ejemplares silvestres no supone una amenaza para el medio ambiente siempre que se haga de forma responsable y fuera de zonas naturales protegidas. A continuación te indicamos algunas reglas para recoger plantas silvestres de la mejor manera posible.

  • Nunca deben recogerse las especies protegidas ni las plantas de las reservas naturales. Es obra de todos preservar el medio natural.

  • En la recolección hay que cuidar de que no se extermine totalmente una especie en un lugar determinado, pues para que siga reproduciéndose es necesario dejar un número suficiente de ejemplares, frutos maduros o semillas. Sólo debe recogerse la cantidad que se vaya a consumir para evitar que la especie deseada desaparezca de la zona. Por otra parte, se protegerán los órganos subterráneos de las plantas vivaces (raíces, rizomas) si no son objeto de recolección; cuando éste se el caso, habrá que dejar en el lugar varias plantas adultas intactas.

  • La cosecha de las plantas silvestres tendrá prioridad en los lugares donde sean más abundantes. Se recogerán delicadamente (en el caso de hierbas, por ejemplo, habrá que evitar arrancar las raíces) para que puedan conservar en el futuro la misma extensión. Por esta razón se debe cambiar de zona de cosecha de vez en cuando.

  • Para los trabajos de recolección se necesitan guantes y utensilios tales como podadera, cuchillos y útiles de jardinería que faciliten y simplifiquen el trabajo.

  • No se deben recoger aquellas plantas que no se conocen bien y hay que impedir que los niños toquen las especies que podrían confundirse fácilmente con plantas venenosas.

  • Se elegirán ejemplares sanos y sin defectos, evitando la vegetación exuberante de los suelos ricos en nitrógeno, que contienen nitratos en cantidades excesivas.

  • Hay que evitar recoger plantas cercanas a vertederos, aguas residuales y a carreteras con mucho tráfico, debido al riesgo de contaminación. Es aconsejable respetar una distancia mínima de 100 metros de las carreteras. En los alrededores de las fábricas, las vías férreas y explotaciones agrícolas donde se críen animales es mejor abstenerse de recoger plantas silvestres. La misma regla se aplica a los cultivos que hayan sido tratados químicamente y a las zonas muy contaminadas.

  • Las plantas recogidas se depositan en capas finas, sin apretarlas, para impedir que se aplasten. Igualmente, se manipularán con cuidado para evitar que fermenten.

  • Conviene consumir las plantas frescas, el mismo día, y no almacenarlas durante mucho tiempo. Previamente, es necesario limpiarlas y lavarlas cuidadosamente para eliminar posibles organismos patógenos. Algunas plantas se pueden conservar congeladas o secas. Para secarlas se extienden en un lugar ventilado protegiéndolas de la luz, a una temperatura de unos 40 ºC. Los frutos pueden secarse directamente al sol. Una vez secas, las plantas se almacenan en bolsas de papel, en cajas metálicas o en tarros de cristal herméticamente cerrados (evitando los envoltorios de plástico). Se conservarán en lugar seco, fresco (hasta 15 ºC) y oscuro hasta el momento de su consumo.

¿Qué son las dioxinas?

dioxinas

Las dioxinas son una familia de compuestos químicos altamente tóxicos que se producen cuando un material orgánico se quema en presencia de átomos de cloro (Cl), tanto cloro inorgánico (como el ión cloruro presente en la sal común) como cloro orgánico (presente en los compuestos orgánicos clorados). En general, las dioxinas son compuestos carcinógenos y se acumulan en los tejidos grasos del organismo (bioacumulación), por lo que resultan peligrosas incluso en niveles bajos de concentración. Además, también producen alteraciones en la reproducción, el desarrollo sexual y en el sistema inmune, representando una importante amenaza para la salud humana. La dioxina más potente, persistente y peligrosa es la 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina (TCDD), que está clasificada en el Grupo 1: carcinógeno para los seres humanos, por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC).

Las dioxinas se pueden generar en presencia de cloro incluso en ausencia de combustión: por ejemplo, durante el proceso de blanqueado de papel y de otros tejidos en los que se emplea cloro, o durante la producción de clorofenoles, especialmente cuando estos procesos se llevan a cabo sin un control riguroso de la temperatura. También puede ser el caso la producción de los ácidos 2,4-diclorofenoxiacético (2,4-D) y 2,4,5-triclorofenoxiacético (2,4,5-T), empleados como herbicidas y plaguicidas, aunque el uso de este último está actualmente prohibido en todas sus formas.

¿Qué son químicamente las dioxinas?

Las dioxinas son compuestos orgánicos clorados de alto peso molecular, poco o nada solubles en agua (entre 4 - 10 mg/L) pero muy solubles en grasas (aprox. 500 mg/L), donde tienden a acumularse.

La 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-p-dioxina (TCDD), cuya estructura molecular se muestra en la imagen superior, se trata de un compuesto orgánico heterocíclico con dos átomos de oxígeno que actúan de ligadura entre dos anillos de seis átomos de carbono que incorporan en total cuatro átomos de cloro, en las posiciones 2, 3, 7 y 8. Su fórmula molecular es C12H4Cl4O2 y su masa molar es 321,97 g/mol.

Debido a su tendencia a acumularse en los tejidos vivos (bioacumulación), la exposición prolongada incluso a bajos niveles de concentración puede causar daños importantes para la salud. La exposición a las dioxinas no sólo es peligrosa a través del aire, sino que el fenómeno de bioacumulación hace que las dioxinas se incorporen a la cadena alimentaria a partir de las plantas, pasando a los organismos herbívoros, carnívoros y finalmente a las personas.

Formación de dioxinas en procesos de combustión

Los procesos de combustión en los que se generan dioxinas tienen lugar principalmente en industrias químicas, metalúrgicas, de vidrio y cerámica. Sin embargo, también se producen dioxinas en la combustión del tabaco y están presentes en el humo de los cigarrillos, en la combustión de madera y carbón (en barbacoas, chimeneas y estufas), en la combustión de los residuos sólidos urbanos en vertederos o en el ámbito doméstico, en la combustión obligatoria de residuos peligrosos (como residuos biológicos y clínicos) en plantas mal acondicionadas, en el humo de la cremación, las centrales eléctricas y las incineradoras.

En los últimos años, los avances tecnológicos han intentado crear una reducción considerable de las emisiones de gases contaminados con dioxinas a partir de estas fuentes, pero con resultados cuestionables (a pesar de que emiten nanopartículas peligrosas que pueden llevar a las dioxinas en un estado no gaseoso).

Las dioxinas en la cadena alimentaria

Las dioxinas, junto con los policlorobifenilos (PCB), son compuestos orgánicos tóxicos cuya concentración aumenta a medida que se avanza en la cadena alimentaria debido al fenómeno de la bioacumulación, por el cual van acumulándose desde un nivel trófico a otro y conducen a niveles más altos en la parte superior de la cadena alimentaria. Este efecto de biomagnificación se ha demostrado en particular en los ecosistemas acuáticos.

La consecuencia sobre la salud humana es que los niveles de contaminación por dioxinas en los alimentos son mayores a los de su nivel trófico correspondiente, por lo que el riesgo de contaminación es mayor.

Isla de plástico en el océano Pacífico

isla de plástico en el océano pacífico

Un estudio reciente llevado a cabo en el giro del Pacífico Norte ha revelado más información sobre una gran isla de plástico flotante en mitad del océano Pacífico. Según los resultados del estudio, al menos 79.000 toneladas de plásticos se encuentran flotando entre las costas de California (Estados Unidos) y el archipiélago Hawaiano cubriendo una superficie aproximada de 1.6 millones de km2. La extensa sopa de plásticos, que se encuentra flotando en este giro oceánico, abarca un área equivalente a tres veces el tamaño de España. Lo más preocupante es que la acumulación de plásticos en esta zona está aumentando exponencialmente y lo seguirá haciendo a menos que se tomen medidas para evitarlo.

Lo cierto es que el considerable crecimiento de la mancha de plásticos no es de extrañar, ya que la producción de plástico se sigue incrementando año tras año. Es destacable que en la última década se ha producido más plástico que en toda la historia de la humanidad y se estima que en el año 2020 la producción mundial de plástico superará los 500 millones de toneladas anuales, lo que supondrá un aumento del 900% con respecto a 1980. Cuanto más plástico se produce y más plástico se consume, mayor es la cantidad que acaba en el mar.

Este grave problema medioambiental está causado por una mala gestión de los residuos producidos, acompañada de la liberación irresponsable de plásticos en el medio ambiente. Pero este problema no afecta únicamente al océano Pacífico, puesto que en el mar Mediterráneo también hay miles de toneladas de plástico flotando en la superficie.

Sin embargo, sólo una pequeña parte del plástico que llega a los mares y océanos permanece flotando, ya que la mayor parte acaba hundiéndose y depositándose en los fondos oceánicos causando graves problemas medioambientales.

Limpiar esta gran mancha de plástico es una tarea muy difícil, ya que se trata de zonas extensas y en continuo movimiento. Además, recoger el plástico flotante no termina con la problemática de los plásticos llegando al mar. Por este motivo debe atacarse la raíz del problema, reduciendo la producción y el consumo de plástico. De lo contrario, estos residuos seguirán llegando a los mares y océanos en enormes cantidades, afectando a la fauna marina y también a las personas.