¿Existen soluciones sencillas contra la desertificación?

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Según los principales expertos mundiales en medio ambiente es posible frenar el avance de la desertificación e incluso detenerla por completo. Para ello, afirman, se requerirá una campaña mundial para mejorar los métodos agrícolas, regenerar la vida vegetal y conservar la fertilidad del suelo.

El primer paso para frenar la desertificación es reemplazar las técnicas de agricultura destructivas que habitualmente se emplean en las comunidades agrícolas de los países en vías de desarrollo y enseñar los beneficios a largo plazo de la rotación de cultivos, el uso de leguminosas y otros cultivos de cobertura para restablecer los nutrientes del suelo, métodos de riego sostenible y técnicas como las terrazas, que protegen de la erosión en las colinas de los paisajes inclinados.

Por otro lado, plantar millones de árboles en lugares estratégicos puede ayudar en gran medida a frenar la expansión de los desiertos actuales y a prevenir la aparición de otros nuevos. El gobierno chino, aunque parezca lo contrario, está concienciado sobre sus problemas medioambientales y ha iniciado una gran campaña de reforestación plantando un cinturón de casi cinco mil kilómetros a lo largo del borde del desierto del Gobi, para frenar las tormentas de arena y evitar la migración de las dunas hacia las ciudades y pueblos colindantes. Esta muralla verde también se ha considerado para el desierto del Sahara, y es que los árboles actúan como paravientos natural y evitan que la capa superficial del suelo se erosione y acelere el proceso de desertificación.

De forma sorprendente, las soluciones más eficaces contra la desertificación necesitan escasa, por no decir ninguna, tecnología. Investigadores de una universidad alemana han desarrollado una técnica de rehabilitación basada en sacos de café reciclados. Estos sacos se llenan con abono, semillas y un material que actúa absorbiendo y manteniendo el agua de lluvia durante largos periodos de tiempo. Cuando estos sacos se entierran en la arena seca, el proceso de descomposición se inicia, con lo que la tierra queda alimentada con el abono que se produce y las raíces de las nuevas plantas.

Algunos expertos han descubierto que la agricultura tradicional y las técnicas de manejo de la tierra son más respetuosas con el frágil hábitat de las tierras áridas que los métodos modernos. En España, por ejemplo, una empresa británica ha desarrollado con éxito los sistemas de riego introducidos en la invasión musulmana de la península ibérica hace mil años.

En general, existe el consenso de que las comunidades de las tierras áridas deben desarrollar medios de vida alternativos, además de la agricultura de subsistencia y el pastoreo. Un informe reciente desarrollado por investigadores de las Naciones Unidas encontró que las comunidades de Pakistán usaban una técnica llamada acuicultura árida. Con este método, se pueden engendrar ciertos tipos de peces e incluso hacer crecer algunas verduras en estanques muy salados.

En el fondo, todo depende del empeño que pongamos en hacer llegar a las tierras áridas este conocimiento. Si no lo tienen, ni lo han tenido nunca, es imposible que sepan qué deben hacer para remediar el problema de la desertificación. Echar las culpas a las sociedades menos favorecidas de los países en vías de desarrollo y a su forma de vida, cuando no han conocido otra, es un error que sólo a través de la difusión de la información podremos evitar.

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Oleh

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